Inspirada, siento que las luces de la mañana me despiertan, me rocían desde los pies hasta los ojos. Y te contemplo acostado a mi lado; me siento a un costado a escribirte una carta, una gran carta de amor, en donde puedas leer detenidamente mi sentir.
De fondo, se escucha al vecino cantando a Piazzola, muy enérgico en su interpretación; me inspiro aún más para escribirte que, así dormido, con los sueños por las nubes y tus manos en la almohada, el amor me florece desde el vientre. Siento cómo rápidamente los dedos se me enfrían, porque creo que la sangre se me concentra en el lado izquierdo del corazón, ahí donde las emociones se regeneran una y mil veces. Aunque por momentos se sienta rasgado, vos estás siempre atento a mis dolores, a mis llantos nocturnos; como anoche. Anoche que las penas me hacían metástasis en todo el cuerpo, cuando casi de un salto dotado de gracia, me besaste en las mejillas y me acariciaste las manos.
Me hablaste por horas y dijiste cosas que me elevaron el espíritu, me naufragaron los sentimientos más remotos; y de repente las penurias y las lágrimas, se secaron, se llevaron sus raíces a otros tiempos. Me cubriste de a poco con tus encantos hasta verme dormir, hasta configurar la vigilia y doblegar el miedo.
Y acá me encuentro ahora, desplegada en mis sábanas, cautiva con el sol en la nuca. Escribiendo lo que me viene en mente, desde mi lado izquierdo del corazón; con la esperanza inquieta de que te despiertes y me ames más que anoche.
Sigo inspirada con Piazzola cruzando la pared, y el vecino que llora con “Adiós Nonino”; mientras que los minutos se posan en mi espalada, cansados de esperarme.
Voy a prepararte el desayuno, mientras sigo escribiéndote estas cuestiones que me movilizan el alma.
Te veo, te movés desde adentro, y fingís no verme... pero yo te miro de reojo, juego a enojarme al ritmo de la milonga que puso el vecino. Dejo esta escritura, que retomaré luego; luego de espiarte de frente un rato.
Retomo las letras y la tinta, mientras te vas a bañar al ritmo del vecino. Y con un regocijo visceral por tener la certeza de que estás detrás de esa puerta, me imagino tus contemplaciones más íntimas. Sin analogías extravagantes, ni poemas de amor, sólo con mi lapicera y mi anotador, despacho mi gran amor y mis gracias por la contención que fluye desde vos.
Me esfuerzo por encontrar alguna frase que remate mágicamente esta carta, gran carta de amor, o de locuras.
Intento mitigar el pequeño dolor de anoche, porque realmente estoy feliz, pero viste como es esto, dentro de los grandes momentos de felicidad, la tristeza no puede ser menos, y mete mano. Y no puede explicar que vos no me provocas angustia, que ella viene sola, y que si lagrimeo cuando salgas del baño, seguramente sea de emoción.
Ahora el vecino se fue, sacó todo tipo de inspiración musical, y me dejó en silencio; tal vez para escuchar mis latidos e inspirarme mejor. Aunque no en total silencio, porque se escucha la ducha que escupe agua con fuerza; puedo oírte cantar alguna que otra canción de esas que suenan en las radios comerciales. Y te imagino bailando desnudo, bailando en las mismas nubes que te cubrieron los sueños hoy por la mañana.
Ya estás saliendo, y yo tengo deseos de besarte el alma, por eso me detengo y le doy un punto final a esta carta que te daré ni bien me mires a los ojos, mientras te susurro “te amo” en el corazón.
Emma.
+de+dell+019.jpg)