jueves, 11 de febrero de 2010

me pierdo en lo que decís-

Un dolor punzante en el centro de la tierra resquebraja las palabras, que viven más fáciles desde los labios que desde el lápiz. Y así descansamos en la tinta vencida de lo imaginado por las noches.

Ningún amor me encuentra con ganas y mis ganas derraman las lágrimas aburridas de un sábado por la noche escuchando Morrissey. Pero mientras, espero un haz de fe que baje desde algún lugar lejos de las pesadillas, cerca del mar, alguna fe que renazca lo que se secó por dentro.

Soy desde el egoísmo y el miedo, desde las expectativas muertas y la boca agria del amanecer que me revuelve la conciencia de saberme una incertidumbre sin sentido que lastima, y renueva algún corazón…

No puedo sentir tu sexo, me duele, me lloran los ojos en silencio. No puedo sentirlo porque estás más en mi mente que en MÍ. Pero no podrías entenderlo, no podría contártelo cuando cruzo la puerta y te veo sentado, con la música que quita las palabras.

Igual quiero un abrazo encallado en mi nuca y en mi centro, para irme lejos de la cobardía de estas horas.

¿Por qué advendrá la angustia después del sueño? – la arrastro desde que abrí los ojos –
(No tengo el valor)

La herida está corroída pero ferviente en el recuerdo del caos y las cuatro paredes.

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