jueves, 11 de febrero de 2010

Miráme los ojos con verguenza-

Me pregunto por qué nos encontramos.

No sé bien si te quiero tanto y por eso duele, o si en el fondo tengo la certeza de que no querés esto. Pero te como los labios húmedos, tus manos, tu sueño y un poco más...

(Belle and Sebastian entre las sábanas y un amor inconcluso de primaveras e inviernos pasados)

Era más notable aquel silencio absorto, que uno de esos comentarios que nos dejan con los ojos inentendibles y crispados. Definitivamente no eran las palabras las que nos unían, sino la piel. Una extraña pero agradable, que me recorría la pureza de una libertad contenida en cuerpo y esbozos de silencios.

Existió, sin embargo, una mordida voraz y un forcejeo inusual que me hizo odiarlo y comprender al fin el por qué de los encuentros...

Me resigno a no saber qué quiero, ni con quién, ni cómo lo quiero. Me sujeto a una carne rasguñada pero amable, y continúo así masticando mi alma por un tiempo más, hasta que escaseen los corazones aflgjidos.

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