jueves, 11 de febrero de 2010

2008

Pasan tantas cosas, gritos y llamas... que la noche no termina nunca, porque se duerme con los ojos bien despiertos, la yugular expuesta y alguna ansiedad despitada de demonios.

Mientras, una sonrisa estrepita y congelada endurece la piel, la mantiene seca y expectante.. como cuando las ganas revientan en llanto y se proclaman usurpadoras del bien conyugal. Algo así como la opresión esbozada en el ceño, algo así como la bronca y la resignación de saberse descorazonada.

Quiero enamorarme, o entrelazarme. Quiero decirte qué quiero, y que acudas a mí en busca de algo, no importa qué, pero quiero que necesites encontrarme después de la medianoche, desesperado y asustado... en un abrazo silencioso y fílmico. Después, un beso dormido, y creer en vos, en mí...

Basta de idas y vueltas con extraños que no saben porqué río, o lloro o grito de vez en cuando, basta de desentendidos e irresponsables emocionales, adictos a las pequeñas mentiras piadosas y al sexo casual; o más que casual, al sexo frío y solitario... al sexo más egoísta y estúpido del planeta.

No sé explicarme, sentílo vos: cómo se regenera en el centro del cuerpo y va subiendo en procesión religiosa hasta mis labios... es cuestión de detenerse y mirarme a los ojos... ya no sé si te extraño a vos, a él, o extraño extrañar...

“que ridículo es que pienses / que todo es tuyo inclusive yo / todo eso tuyo puede ser /
pero esta noche es para los dos (…) mientras la pasas bien, yo lucho”.

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