miércoles, 16 de julio de 2008

Hacia una educación libre de hegemonía

“La escolarización como disciplinamiento es una estrategia de racionalización, cuyo objeto es remediar el hedor de las culturas populares, la oscuridad, la confusión, el desorden, el atraso. Y lo hace centrándose en la higiene, la sujeción, la corrección, la disciplina, el orden, la distinción, las buenas costumbres, la clasificación. (Varela y Alvares Uria, 1991).”

Con esta idea Domingo Faustino Sarmiento, llevó adelante el modelo educativo en Argentina que se mantenía vigente en Europa en el siglo XIX.
Ser un ciudadano con una cultura popular significaba ser inferior y vulgar.
Un bárbaro analfabeto con tradiciones locales, que regía su vida por creencias religiosas y populares no era el modelo de ciudadano adecuado para la idea de país moderno que comenzaba a formarse.
Para lograrlo era necesaria una escolarización que instruya al pueblo popular, y que de ella resulte la civilización, imprescindible para construir una sociedad de progreso.
Los ciudadanos ideales serían aquellos individuos racionales, disciplinados, poseedores de una única cultura que represente la nación, con una moralidad humanizada y pulcra.
Así, la escuela es la encargada de formar de esta manera a las personas, desde los valores y las conductas propias de Occidente, aquellas que pautan los saberes modernos, científicos y tecnológicos.
Este proyecto no se centró únicamente en la formación de sujetos, sino que además se utilizó la escolarización con la intención de disciplinar para lograr la producción en las industrias.
Dicho modelo educativo se puede criticar en los siguientes sentidos:
La escolarización planteada anteriormente da cuenta de que el rol que cumplen los educandos es pasivo, y los educadores, como los encargados de depositar contenidos culturales. Sin embargo, todos los sujetos son activos, ya que se encuentran atravesados por prácticas y discursos que los interpelan en todos los espacios sociales. Es decir que, son receptores de mensajes que interpretan de acuerdo a su visión del mundo, y pueden optar coincidir o no con ese mensaje y ser transformados.
Para generar estrategias adecuadas para la formación de las personas es necesario conocer a los educandos, su universo vocabular, sus valores, sus intereses, códigos, miedos, ideologías, sus saberes, prácticas, y las significaciones que ellos tienen del mundo. De esta forma será posible alcanzar un proceso educativo efectivo.
Se debe acabar con el reduccionismo que asocia la educación a la escuela, ya que la institución escolar no es la única encargada de formar a las personas, porque ellas se educan por medio de las experiencias que viven, como las que conocen de los demás; de las prácticas cotidianas y los discursos (religiosos, familiares, mediáticos, políticos, académicos, etc.). Por lo tanto todas se encuentran educadas, más allá de haber ido o no a la escuela. A partir de este proceso es que cada individuo hace su lectura del mundo, es decir, la interpretación de su realidad social, según las significaciones que le atribuye a sus experiencias.
También se debe romper con la idea de limitar la educación a un aspecto positivo. Debido a que las personas se pueden formar positiva o negativamente, por ejemplo: un joven se educa en el consumo de la droga, a pesar de que esta formación es negativa para su vida, no deja de ser un saber que puede ser adquirido por todos.
No se puede generalizar si los saberes existentes son positivos o negativos, ya que cada sociedad posee diferentes culturas, y de acuerdo a ellos le otorga su carácter. Por ejemplo: para los griegos la homosexualidad es una condición sexual positiva, y la sociedad argentina lo acepta prejuiciosamente. Por otro lado, en algunas culturas se acepta como legal el consumo de la droga, en Argentina no.


Condición actual del modelo educativo argentino.

El modelo educativo actual se encuentra en crisis debido a las instituciones que deben cooperar con la formación de niños y jóvenes no lo hacen de manera adecuada. Como por ejemplo, aquellas que debieran facilitar herramientas y tecnologías necesarias para el aprendizaje.
Pero además la escuela como organismo es la responsable de no organizar los contenidos necesarios a enseñar teniendo en cuenta el contexto social de sus alumnos, su situación económica, sus problemas, intereses y motivaciones.
La escuela debe actualizarse en cuanto a la realidad social y tecnológica que se vive. Integrar nuevos conceptos propios de la globalización en sus programas educativos (este hecho sí se da en las industrias de la comunicación, y en el mercado en general, ya que tiene como interés el consumo de estos productos, y por eso tiene en cuenta los intereses y la actualidad de los niños/jóvenes consumidores). Tener presente la realidad de cada grupo de alumnos, como la falta de asistencia básica, la alimentación, la vestimenta, la vivienda, situación que es muy diferente a la de niños de sectores más altos. La idea de rescatar las realidades particulares de los educandos es para considerarlas en el momento de emitir los mensajes que forman parte de la estrategia educativa de los docentes, pero no para bajar el nivel de los contenidos a enseñar disminuyendo la calidad de educación. Ya que la finalidad de educar a las personas es que adquieran nuevos contenidos, para que los puedan utilizar en sus prácticas cotidianas. Para lograr esto es necesario dejar de lado los prejuicios, debido a la situación social y económica se tiende a estigmatizar a los alumnos y marginarlos, en vez de contenerlos y ayudarlos.
En la actualidad la figura del docente se encuentra debilitada. Si bien el ser maestro no era una de las profesiones más redituables, este poseía una autoridad pedagógica porque dominaba un saber a dar a conocer a sus alumnos. Hoy su legitimidad y prestigio social no se valora desde el estado que no se le brinda la atención necesaria al ámbito educativo, no se les otorga las herramientas didácticas necesarias para un correcto desempeño laboral, bajos salarios, lo que hace que se debilite su imagen.
No todos los sectores de la sociedad fueron escolarizados por el modelo de Sarmiento, esto trajo como consecuencia que no se alfabeticen. En esta condición no pudieron rechazar el advenimiento de las nuevas tecnologías y conocimientos con la globalización, sin haber dejado la cultura oral, (haber pasado la escritural) es que adoptaron directamente la cultura de lo audiovisual.
Hay que tener en cuenta que la escuela es una institución más dentro de un sistema social, político, económico, que la sostiene. Por lo tanto, la realidad actual influye en esta institución, aunque la escuela no es la única responsable de la crisis de la educación. Debido a que son las falencias del estado las que repercuten en el accionar de la misma.

Ante todo lo que se desarrolló relacionado al modelo de educación, debemos proponer una noción de educación. Para ello es necesario tomar la definición que realiza la pedagoga Rosa Nidia Buenfil Burgos. Ella sostiene que el proceso educativo consiste en que, a partir de una interpelación de algún discurso, el sujeto incorpora un nuevo contenido valorativo, conceptual, conductual, etc. modificando su práctica cotidiana, ya sea por medio de una transformación o una reafirmación. Vale destacar que puede resultar que después de una interpelación la persona no modifique ningún pensamiento.

De esta manera es que se puede observar que la educación se da por medio de la comunicación. Este concepto se manifiesta como producción social de sentido, que requiere de un emisor y un receptor activos, produciendo o interpretando mensajes atravesados por su cultura, sus vivencias y visiones del mundo.
Los roles de los emisores y receptores no están prefijados, sino que se da un interjuego entre ellos.
Paulo Freire plantea este concepto como “diálogo”, acto necesario entre los sujetos, para generar una praxis, es decir para poder actuar sobre la realidad. Lo que se propone es una educación transformadora para la liberación de los oprimidos (aquellos que sufren la falta de herramientas necesarias para transformar su realidad).
Es importante la comunicación en la educación porque requiere de la interacción de las personas para que los discursos puedan interpelarlas.
De todos modos afirmamos que no siempre se da la educación, ya que se hace presente sólo cuando cumple con su objetivo de producir una transformación o reafirmación en el otro. Sin embargo la comunicación está siempre presente, es imposible no transmitir un mensaje.

“Este proceso educativo tiene un sentido contra hegemónico en la medida en que tiende a generar distintos modos de cuestionamiento y resistencia y/o produce modificaciones en las relaciones sociales de dominación, en prejuicios o discriminaciones, en actitudes individualistas, en modos de pensar dogmáticos...” (“Lo que articula lo educativo en las prácticas socioculturales”, Jorge Huergo, 2003)

Con esta cita tenemos la intención de finalizar nuestro análisis, dejando en claro que las estrategias comunicativas que se pueden desarrollar para transformar la realidad social actual deben partir del reconocimiento del universo vocabular del oprimido, proponer un proceso donde tanto el educador como el educando mantengan una relación dialógica y horizontal, que termine con la dominación, considerando al “otro” como activo, y con una formación previa.

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