Tantas palabras han sucedido mi vida, tantos silencios, manos oscuras y barricadas suntuosas que la tragedia advino sin más entre mis noches de ensueño febril.
Nada como su alma táctil leída en los momentos de mayor naufragio, cuando en pequeños instantes he sido devorada por las ideas del fin y la quietud mortal.
Aún conduce las lágrimas hacia lugares idénticos, en donde no hago más que descansar en la identificación absoluta de un ser que no muere nunca, que inspira desde el lugar más humano y cálido que uno pueda anhelar.
Sigo ambigua por el caos que nos sobrevuela y el amor puro por la condición del hombre que él profesa, aquella que dignifica las luchas y entorpece la dictadura de las almas impuestas por nuestros semejantes.
'El bien y el mal', ahogados en la tinta santa que sus ideas inmortalizan, idílicos dilemas de su existencia y su amada. El exilio de su infancia y sus vocaciones, tan dispares como sus ojos ya envejecidos me marcan en lo más profundo, y me guían hacia su humildad.
Su Obra, aún más que gratificante bálsamo para mi espíritu bastardeado por las cotidianeidades y superficialidades en las que me sumergo cada mañana, cuando voy al trabajo sistemáticamente, o a la facultad; su persona es quien me devuelve el sabor de mi piel, de mi asustada y eterna soledad, me devuelve el suicidio pasado pero constante y alguna esperanza escondida del miedo a encontrar un compañero que no lastime.
El dia que muera, vivirá conmigo el llanto acumulado en la garganta, y el brillo de su letra en mi corazón, que lejos está de alcanzar su grandeza.
Fue ayer y es hoy cuando me siento mirando perdida, y al borde de la nada, pensante, triste, contagiosa y fuerte, frente a lo mundano y lo niego hasta dormirme sabiendo que él me sostiene entre armonías y cegueras fundantes de maravillosas historias-
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